Uno de los temas más inquietantes en el mundo de la evaluación de la personalidad es 'la Tríada Oscura'.
Se trata de tres rasgos de personalidad que al principio pueden parecer seguridad en uno mismo, carisma o asertividad, pero dentro de una organización pueden convertirse en una verdadera amenaza interna: el narcisismo, que implica una necesidad de admiración, una sensación de superioridad y dificultad para aceptar las críticas; la manipulación (Machiavellianism), que significa usar a las personas como herramientas para lograr objetivos, sin mucha culpa por el camino; y la psicopatía funcional, que implica una frialdad extrema, una falta de empatía y la capacidad de realizar acciones dañinas sin conciencia.
Lo interesante es que las personas con tales rasgos no siempre fracasan en las entrevistas de trabajo. Al contrario.
Más de una vez resultan muy impresionantes. Saben hablar. Saben venderse. Saben identificar las debilidades de los demás. Y saben exactamente qué personaje quiere ver la organización frente a ellos.
Por eso creo que uno de los mayores desafíos hoy en el mundo de las amenazas internas no es solo identificar un 'pasado problemático', sino comprender patrones de personalidad y de comportamiento que en el futuro podrían convertirse en un riesgo organizacional.
Esto puede manifestarse en la filtración de información, en perjudicar deliberadamente a la organización, en manipular a los empleados, en crear una cultura tóxica, o simplemente en tomar decisiones peligrosas sin ninguna empatía por las consecuencias.
Está claro que no toda persona con rasgos de la Tríada Oscura es un delincuente o una amenaza interna. Pero cuando se combinan el acceso a información sensible, la presión, el ego, la falta de supervisión y la capacidad manipuladora, se obtiene una combinación que los directivos deben conocer.
Y aquí es exactamente donde entra el valor de una evaluación en profundidad, un interrogatorio adecuado, la inteligencia a partir de fuentes de información abiertas y la identificación de señales de alerta antes de que ocurra el daño.
Porque al final, la amenaza más peligrosa en una organización no suele ser quien parece peligroso. Sino quien sabe parecer perfecto.