Centro de conocimiento

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Notas de campo, análisis y lecciones sobre OSINT, KYC, diligencia debida y riesgo de fraude, escritas por nuestros analistas.

Diligencia debida y verificación de antecedentes

Ya había sido condenado antes. Eso no impidió que la gente le entregara de nuevo millones de séqueles
Diligencia debida y verificación de antecedentes

Ya había sido condenado antes. Eso no impidió que la gente le entregara de nuevo millones de séqueles

Esta mañana leí el artículo sobre Ido Samuel, que ya había sido condenado por delitos de fraude, cumplió una pena de prisión y, tras salir en libertad, volvió a gestionar dinero para clientes privados. Algunos de ellos perdieron sumas considerables.

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Esta historia no es solo una historia sobre inversiones, criptomonedas o el mercado de capitales.

Es una historia sobre un fallo en la diligencia debida.

Mucha gente cree que una verificación de antecedentes sirve únicamente para contratar empleados. En la práctica, no es menos importante a la hora de elegir un socio comercial, un gestor de inversiones, un proveedor, un asesor o cualquier persona que vaya a tener acceso a dinero, información o activos.

En este caso, parte de la información estaba completamente disponible en fuentes abiertas: una condena penal por delitos de fraude; un largo periodo de prisión; publicaciones mediáticas históricas; procedimientos y resoluciones judiciales; e información comercial y pública que puede localizarse mediante una búsqueda profesional.

El problema es que encontrar la información no basta. Hay que saber unir los puntos.

Una verificación de antecedentes basada en OSINT no se limita a recopilar datos. El verdadero valor está en el análisis y en comprender qué significa la información a la hora de tomar una decisión.

Cuando evaluamos a una persona que va a gestionar nuestro dinero o a tomar decisiones financieras, la pregunta no es solo "¿Tuvo una condena previa?", sino: ¿la reveló por completo? ¿Existen otras señales de alerta? ¿Hay discrepancias entre la imagen pública y la realidad? ¿Y existen patrones que se repiten a lo largo de los años?

Al final, la mayoría de los grandes fraudes no comienzan con sofisticación tecnológica. Comienzan con la confianza.

Y antes de otorgar confianza, conviene realizar una verificación de antecedentes profesional basada en fuentes de información abiertas, para tomar una decisión informada y fundamentada en hechos y no en una impresión personal o en el carisma.

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¿El mayor error en las verificaciones de antecedentes? Atribuir información a la persona equivocada.
Diligencia debida y verificación de antecedentes

¿El mayor error en las verificaciones de antecedentes? Atribuir información a la persona equivocada.

Muchos piensan que el principal desafío en las verificaciones de antecedentes es encontrar la información.

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En mi opinión, esa es precisamente la parte fácil.

El verdadero desafío comienza justo después de haber encontrado la información: ¿estamos seguros de que pertenece a la persona que realmente estamos verificando?

En un mundo donde millones de personas comparten nombres similares, usan apodos, mantienen múltiples perfiles digitales y a veces dejan solo rastros parciales, es muy fácil caer en la trampa de una "identificación rápida".

Me encuentro a menudo con casos en los que investigadores, reclutadores o directivos ven un perfil problemático en la red, un artículo antiguo o una mención negativa, y se apresuran a sacar conclusiones.

Pero una verificación de antecedentes profesional no es un ejercicio de recopilación de información. Es un ejercicio de verificación de identidades.

Antes de sacar conclusiones, hay que verificar: ¿se trata de la misma persona? ¿Coincide la ubicación geográfica? ¿Encaja la línea de tiempo? ¿Existen identificadores adicionales que conecten los datos? ¿Y existen fuentes independientes que confirmen el vínculo?

El mayor peligro no es pasar por alto información negativa. El mayor peligro es atribuir información negativa a la persona equivocada.

Un error así puede llevar a decisiones de contratación erróneas, al daño de la reputación de una persona inocente e incluso a una exposición legal.

Por eso uno de los principios más importantes en el trabajo de inteligencia de fuentes abiertas (OSINT) es: primero se verifica. Solo después se concluye.

Esa es la diferencia entre recopilar información y buscar la verdad.

La duda es tu salvavidas
Diligencia debida y verificación de antecedentes

La duda es tu salvavidas

Hoy me topé con una publicación sobre la "Venezuelan Poodle Moth" — la "polilla caniche", que parece una criatura peluda y adorable salida de una película de animación.

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Al principio parecía completamente fiable. Fotos, explicaciones, resultados en Google, menciones en diversos sitios, incluida Wikipedia.

Pero cuanto más ahondaba, más descubría que la mayor parte de la historia no se sustenta en nada en absoluto. Algunas de las fotos eran esculturas de lana de un artista japonés. Otras eran imágenes de especies completamente distintas. Y en la práctica, lo único que existe de verdad es una sola fotografía de una polilla no identificada tomada en Venezuela (la imagen de arriba a la izquierda). Ni siquiera existe un reconocimiento científico oficial de tal especie.

Lo interesante aquí no es la polilla, sino la manera en que la información se convierte en "verdad".

Hoy los motores de búsqueda ya no se basan únicamente en fuentes originales. También se alimentan de contenido creado por AI, de resúmenes automáticos, de copias entre sitios y de información que se recicla a sí misma una y otra vez.

Y eso significa que, incluso si intentas hacer un "rastreo inverso" y comprobar cuál es la fuente real, se vuelve muy difícil. Porque en cierto punto: la fuente original desaparece, la información se copia cientos de veces, los sistemas de AI resumen información errónea, y el contenido no verificado empieza a parecer más fiable que la propia realidad.

Y este es precisamente uno de los grandes desafíos en el mundo de las verificaciones de antecedentes.

No basta con saber buscar información. Hay que saber dudar de la información.

Hay que entender: ¿quién es la fuente? ¿Hay alguna verificación? ¿Se trata de información primaria o de una copia? ¿Hay algún interés de por medio? ¿Y todos simplemente se citan unos a otros?

En una era en la que la AI sabe generar cantidades enormes de contenido convincente, la capacidad de pensar de forma crítica se convierte en un activo profesional crítico.

Esta es exactamente la razón por la que las verificaciones de antecedentes profesionales no pueden basarse únicamente en una búsqueda rápida en Google ni en herramientas de AI.

Al final, siguen haciendo falta personas que sepan conectar contextos, identificar manipulaciones, entender qué falta en el cuadro — y, sobre todo, saber cuándo no creer de inmediato algo que parece fiable.

Cuando te piden "encontrar al culpable" - pero tu capacidad no está diseñada para eso
Diligencia debida y verificación de antecedentes

Cuando te piden "encontrar al culpable" - pero tu capacidad no está diseñada para eso

Recientemente me contactaron por un caso muy delicado relacionado con la difusión de contenido falso en internet.

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La solicitud era clara: localizar la fuente de difusión, detenerla rápidamente y eliminar el contenido.

A primera vista, esto suena como una tarea clásica de inteligencia de fuentes abiertas. Pero ahí es exactamente donde comienza el problema.

Quiero compartir con ustedes, con honestidad profesional, dónde el OSINT es fuerte y dónde simplemente no es suficiente.

Dónde el OSINT aporta verdadero valor: se puede mapear cómo se difunde el contenido, identificar grupos, canales y focos de difusión, rastrear usuarios recurrentes en distintas plataformas y comprender quién "impulsa" la historia hacia adelante. Esto ofrece una imagen de inteligencia muy importante.

Pero aquí llega la limitación crítica: no se puede identificar con certeza quién es la persona detrás de la cuenta, probar quién creó el contenido, acceder a información cerrada (IP, dispositivos, registros) ni garantizar la eliminación completa de internet.

Y cuando se trata de incidentes delicados, especialmente con menores o violaciones de la privacidad, el error más pequeño en la identificación puede convertirse en un grave problema legal.

El riesgo real: el problema no es solo tecnológico, es de gestión. Cuando se hacen promesas como "encontraremos a quien lo hizo" y "lo quitaremos todo de la red" sin comprender los límites, esa es una receta para la decepción en el mejor de los casos, y para el daño en el peor.

Entonces, ¿qué es lo correcto hacer en casos así? El enfoque correcto siempre es multidisciplinario: el OSINT para mapear y comprender, el DFIR para recopilar pruebas de dispositivos y sistemas, acompañamiento legal para dirigirse a las plataformas, gestión del daño y prevención de la difusión repetida, y monitoreo continuo. Quien aborda esto solo, desde un único ángulo, pierde la imagen completa.

La conclusión: la inteligencia de fuentes abiertas es una herramienta muy poderosa, pero no es magia.

Saber qué se puede hacer es importante. Pero saber qué no se puede hacer es lo que distingue el trabajo profesional del riesgo.

El problema no es la falta de información. El problema es el ruido
Diligencia debida y verificación de antecedentes

El problema no es la falta de información. El problema es el ruido

La nueva capacidad de Google para analizar información de la dark web mediante AI, y lo que más me llamó la atención no es la tecnología en sí, sino el enfoque: ya no se trata de "más información", sino de un filtrado inteligente que entiende el contexto.

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Y este es justamente el punto en el que muchas organizaciones fallan.

Vivimos en una era con información abierta infinita: foros, grupos, filtraciones, pequeñas pistas. Pero sin un contexto de negocio real, sin entender qué es relevante para una organización específica, todo se convierte en ruido.

Y esto no ocurre solo en el mundo del ciber.

Es exactamente el mismo principio en el mundo de la inteligencia de fuentes abiertas.

Lo veo todo el tiempo: las organizaciones creen que necesitan "más verificaciones", "más fuentes", "más datos". Pero la verdad es lo contrario. El valor real viene de la capacidad de conectar los puntos.

Por ejemplo: alguien publica en un foro oscuro ofreciendo acceso a un sistema. No menciona el nombre de una empresa. No hay palabras clave claras. Los sistemas clásicos no lo detectarán. Pero si entiendes el contexto, el tipo de sistema, el tamaño de la empresa, la ubicación geográfica, el tipo de actividad, de repente ya no es "información general". Es una amenaza muy específica.

Y ahora piensa en esto en el contexto de los insider threats.

Muchas veces la amenaza no comienza dentro de la organización. Comienza fuera, en la dark web, en foros, en grupos. Pero se conecta con personas de dentro: un empleado con acceso, un proveedor con permisos, un candidato que intenta entrar.

Sin una conexión entre la inteligencia externa y una comprensión interna de la organización, se pierde la historia.

Y este es el punto verdaderamente importante: la AI por sí sola no resuelve el problema. Apoyarse solo en OSINT no resuelve el problema.

Solo la combinación de un contexto de negocio real, un análisis humano que entiende el comportamiento y una tecnología capaz de operar a escala crea una ventaja real.

Quien siga recopilando información sin entender qué es relevante para él se ahogará en el ruido. Quien sepa conectar los puntos a tiempo identificará la amenaza antes de que se convierta en un incidente.

Amenazas internas y riesgo organizacional

La startup brillante que no puede trabajar porque no tiene autorización de seguridad
Amenazas internas y riesgo organizacional

La startup brillante que no puede trabajar porque no tiene autorización de seguridad

En los últimos años escucho cada vez a más organizaciones de defensa hablar de su deseo de trabajar con empresas pequeñas, innovadoras y ágiles. Todos quieren innovación. Todos quieren soluciones creativas. Pero en la realidad, hay no pocas empresas que ni siquiera logran llegar a la línea de salida.

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Un artículo interesante publicado recientemente en el Reino Unido reveló uno de los mayores desafíos del mundo de la defensa: el propio proceso de autorización de seguridad.

Por un lado, no hay discusión sobre la importancia de las verificaciones de antecedentes, las autorizaciones de seguridad y la protección de la información sensible. Se trata de mecanismos esenciales destinados a proteger los intereses nacionales, las tecnologías sensibles y las cadenas de suministro críticas.

Por otro lado, cuando el proceso para obtener la autorización se prolonga durante largos meses y a veces más de un año, surge una situación absurda: la empresa no puede conseguir un contrato porque no tiene autorización, pero tampoco puede obtener la autorización porque no tiene contrato.

Este dilema no es exclusivo del Reino Unido. En cualquier lugar donde existan procesos de filtrado y verificaciones de fiabilidad complejas, el desafío es encontrar el equilibrio entre seguridad y agilidad.

Como alguien que lleva muchos años trabajando en el campo de las verificaciones de antecedentes y de fiabilidad, creo que el objetivo no es flexibilizar los requisitos. Al contrario.

El objetivo es crear procesos más inteligentes, más rápidos y basados en la gestión de riesgos.

No todo proveedor representa el mismo riesgo. No todo empleado necesita el mismo nivel de verificación. Y no todo proceso tiene que prolongarse durante largos meses.

Cuando los riesgos se gestionan correctamente, es posible mantener la seguridad y, a la vez, habilitar la innovación y el crecimiento.

El verdadero desafío no es realizar más verificaciones. El desafío es realizar las verificaciones correctas, en el momento correcto y de una manera que permita a la organización avanzar en lugar de quedarse atascada.

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¿Dejarías que te tratara alguien que guardó silencio ante un asesinato?
Amenazas internas y riesgo organizacional

¿Dejarías que te tratara alguien que guardó silencio ante un asesinato?

Leí el artículo sobre Lihi Darnell (Gluzman), la testigo protegida en el caso del asesinato de Asaf Steierman, que ahora se está formando en el campo de la psicología clínica. Más allá del debate jurídico y público, este caso plantea a mis ojos una pregunta profesional mucho más amplia:

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¿Hasta qué punto investigan a fondo las organizaciones a las personas en cuyas manos depositan poder, influencia y confianza?

En este caso se trata de una profesión terapéutica. En otros ámbitos se trata de un director financiero, un oficial de seguridad, un responsable de compras, una persona de IT con permisos amplios o un empleado expuesto a información sensible.

Una de las lecciones centrales del mundo de las insider threats es que no todo riesgo se mide por los antecedentes penales o una condena. A veces son precisamente los patrones de conducta, la toma de decisiones bajo presión, el juicio moral y las reacciones ante situaciones extremas los que deberían encender las señales de alerta.

Muchas organizaciones se centran en la pregunta "¿Tiene este empleado antecedentes penales?", pero a menudo la pregunta más importante es: "¿Existe información relevante sobre su conducta pasada que nos haría pensarlo dos veces antes de asignarle un puesto sensible?"

En este caso concreto no se trata de una cuestión jurídica, sino de una cuestión de gestión de riesgos.

Cuando se prevé que una persona ocupe una posición de confianza, influya en otras personas o acceda a recursos sensibles, conviene examinar varias capas: un historial de toma de decisiones en situaciones extremas; la implicación en hechos de relevancia pública o moral; las brechas entre la imagen actual y hechos pasados significativos; una evaluación de riesgo actualizada y no puntual; y mecanismos de supervisión y control a lo largo del tiempo.

También es importante recordar que las insider threats no surgen únicamente de una intención maliciosa. A veces provienen de un juicio deficiente, de ocultar información, de una falta de responsabilidad o de conflictos de valores que no se detectaron a tiempo.

En definitiva, cada organización debe decidir dónde está la línea entre la rehabilitación personal y la responsabilidad profesional. Es una decisión compleja, pero debe tomarse desde una gestión de riesgos informada y no desde la suposición de que, si no hay impedimento legal, tampoco hay riesgo.

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Parecía el empleado perfecto, hasta que empezó a desmantelar la organización.
Amenazas internas y riesgo organizacional

Parecía el empleado perfecto, hasta que empezó a desmantelar la organización.

Uno de los libros más perturbadores que hemos leído recientemente en el campo del comportamiento organizacional es "Snakes in Suits: When Psychopaths Go to Work" de Paul Babiak y Robert Hare.

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El libro trata sobre el tipo de personas que la mayoría de las organizaciones no saben realmente cómo identificar a tiempo. No criminales violentos. No personajes extremos de películas. Sino personas carismáticas, impresionantes, agudas, con una capacidad extraordinaria para hacer que los demás crean en ellas.

Precisamente por eso son peligrosas.

Los autores describen cómo un psicópata organizacional logra integrarse en una organización, avanzar rápidamente, acumular poder e influencia, y en el camino dejar tras de sí un daño enorme: la disolución de equipos, la creación de conflictos, manipulaciones políticas, intimidación de empleados, daño a la confianza, la creación de una cultura tóxica, y a veces también fraudes y abuso de autoridad.

Lo que es particularmente interesante es que el libro explica que el problema no está solo en la persona misma. A veces la organización también contribuye a ello sin darse cuenta.

Las organizaciones que sacralizan el carisma, los resultados rápidos, la agresividad, el logro a cualquier precio y la política interna, pueden identificar erróneamente el comportamiento psicopático como "liderazgo".

Una de las cosas importantes del libro es la descripción de las tres etapas en las que actúa un psicópata organizacional.

En la primera etapa estudia el sistema: quién es fuerte, quién es débil, quién es influyente, quién está amenazado, quién tiene acceso al poder y a la información.

En la segunda etapa comienza la manipulación: la adulación, la creación de una confianza falsa, la adaptación de la personalidad a cada persona, mentiras sofisticadas y el daño silencioso a los rivales.

En la tercera etapa llega el abandono: cuando la persona ya no es útil, es desechada a un lado. A veces también con un daño deliberado a su reputación.

La parte más importante para mí es comprender que no siempre es posible identificar a estas personas a través del carisma o la primera impresión. Al contrario.

En muchos casos están tranquilas bajo presión, saben hablar de manera convincente, proyectan seguridad en sí mismas, saben "leer a las personas" e imitan la empatía de manera excelente.

Y por lo tanto, en el mundo de los Insider Threats, la contratación de empleados y la evaluación de la fiabilidad, no se debe confiar solo en la intuición o en un "presentimiento".

Hay que examinar: la consistencia conductual, las brechas entre las palabras y los hechos, los patrones de manipulación, el trato hacia las personas sin poder, el historial de conflictos, y el uso repetido de víctimas, acusaciones y política.

Este libro es un excelente recordatorio de que las amenazas más peligrosas en una organización no siempre vienen de fuera.

A veces están sentadas en la sala de juntas.

¿El directivo más peligroso de la organización? No siempre es quien roba información
Amenazas internas y riesgo organizacional

¿El directivo más peligroso de la organización? No siempre es quien roba información

Me encuentro con bastantes directivos que miran la 'insider threat' solo a través del prisma del robo de información, el espionaje industrial o el fraude financiero. Pero existe otro tipo de insider threat, mucho más silencioso, que por lo general no aparece en los informes de seguridad.

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El acosador.

Ese directivo que menosprecia a los empleados, los humilla delante de los demás, infunde miedo, los desgasta psicológicamente, genera ansiedad y desmonta la autoconfianza con el tiempo.

Los estudios ya han demostrado que el acoso en el lugar de trabajo no se queda solo en el plano emocional. Daña la capacidad cognitiva, la toma de decisiones, la memoria, la concentración y el desempeño profesional. Un empleado sometido a un terror psicológico continuo empieza a cometer más errores, a aislarse, a perder motivación y, a veces, incluso a desarrollar rencor hacia la propia organización.

Y aquí es exactamente donde comienza la conexión con el mundo de las amenazas internas.

Porque a veces el 'depredador' mismo es la insider threat. Y a veces genera una nueva insider threat: el empleado al que ha dañado.

Un empleado que sufre una humillación continua puede convertirse en una persona resentida, indiferente, vengativa o sin compromiso. En ciertos casos esto se manifiesta como renuncia silenciosa, fuga de información, daño a los procesos o, simplemente, un colapso funcional que perjudica a la organización desde dentro.

Esta es exactamente la razón por la que creo que no basta con comprobar solo la integridad, el pasado o la fiabilidad de los candidatos. También hay que saber identificar patrones depredadores.

Sí, hay maneras de identificarlos. Se pueden detectar señales tempranas ya en la fase de contratación: patrones extremos de control, manipulación, falta de empatía, relaciones humanas destructivas a lo largo del tiempo, patrones recurrentes de desgaste en los equipos que han dirigido y un entorno de trabajo que produce miedo en lugar de confianza.

Y si esa persona ya está dentro de la organización, hay que monitorizar tales conductas exactamente igual que se monitorizan otras anomalías de seguridad. Porque su daño no siempre aparece de inmediato, pero cuando estalla, el coste organizativo es enorme.

Creo que en un futuro próximo las organizaciones entenderán que el acoso en el lugar de trabajo no es solo una cuestión de HR o de bienestar de los empleados. Es una cuestión de seguridad organizativa.

El phishing no solo roba contraseñas. A veces roba tecnología sensible.
Amenazas internas y riesgo organizacional

El phishing no solo roba contraseñas. A veces roba tecnología sensible.

La historia publicada por la Oficina del Inspector General de la NASA debería preocupar a toda organización que posea conocimiento sensible, código, software, diseños de ingeniería o información comercial valiosa.

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Según la publicación, un ciudadano chino llamado Song Wu se hizo pasar durante años por ingenieros, investigadores y profesores estadounidenses, y contactó a empleados de la NASA, investigadores académicos, personal militar y empresas privadas. Su objetivo no era obtener una contraseña de una cuenta. Pidió algo mucho más simple y mucho más peligroso: copias de software, código fuente y herramientas de ingeniería sensibles que podrían usarse para el diseño aeronáutico y el desarrollo de sistemas de armas.

Y eso es precisamente el punto.

En muchas organizaciones, cuando la gente escucha la palabra 'phishing', piensa de inmediato en un correo con un enlace sospechoso, un sitio web falso o una solicitud para introducir una contraseña.

Pero en casos más sofisticados, el phishing no parece un ciberataque. Parece una solicitud profesional legítima de una persona conocida. 'Envíame el código, por favor'. 'Necesito la última versión del software'. 'Pásame el archivo, estoy trabajando en ello con el equipo'.

La víctima no siente que está cayendo en un ataque. Siente que está ayudando a un colega.

Y ese es precisamente el peligro.

El error profesional que veo una y otra vez es que las organizaciones tratan esta amenaza solo como un problema tecnológico. Pero en este caso, la debilidad central no estaba solo en el sistema. Estaba en la confianza humana, en la cultura de trabajo y en la ausencia de un mecanismo claro que obligue a detenerse y verificar antes de que la información sensible salga.

Desde mi punto de vista, aquí hay varias lecciones importantes.

No toda solicitud que llega de una persona 'conocida' proviene realmente de ella.

No todo intercambio de información entre colegas es un acto inocente, especialmente cuando se trata de código, software, planes, datos, modelos o infraestructuras.

Los empleados deben saber reconocer no solo los enlaces sospechosos, sino también las solicitudes inusuales: solicitudes repetidas del mismo software, falta de explicación sobre por qué se necesita la información, un cambio repentino en el medio de pago o de transferencia, el uso de canales no habituales, o presión para entregar material sin un proceso ordenado.

Y lo más importante: en una organización seria, un empleado no debería decidir solo si se permite transferir material sensible a otra parte, aunque esa parte parezca conocida, de alto rango o profesional.

Hace falta un procedimiento. Hace falta verificación de identidad. Hace falta una comprobación de permisos. Hace falta comprender los límites de la regulación, la exportación, la confidencialidad y la propiedad intelectual. Y hace falta una cultura en la que detenerse a verificar no se perciba como burocracia, sino como parte de la responsabilidad profesional.

La historia de la NASA es un recordatorio agudo de que una amenaza interna no siempre comienza con un empleado malicioso. A veces comienza con un empleado bueno y profesional que quiere ayudar, pero no entiende que lo están manipulando.

Y esa quizá sea una de las amenazas más peligrosas de todas: un caballo de Troya humano que no sabe que lo es.

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Perfilado conductual y evaluación de fiabilidad

El cuerpo traiciona mucho antes de que las palabras se quiebren
Perfilado conductual y evaluación de fiabilidad

El cuerpo traiciona mucho antes de que las palabras se quiebren

Uno de los temas más fascinantes en el mundo del comportamiento humano es el Embodiment Effect, o en español: "el efecto de la encarnación corporal".

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La idea central es simple pero muy profunda: nuestro cuerpo no solo "expresa" emociones y pensamientos, sino que también influye en ellos, y a veces incluso los revela antes de que el cerebro logre controlar el mensaje.

Durante años se vio el lenguaje corporal como un "añadido" a la comunicación. Hoy ya está claro que es parte del propio sistema de pensamiento. La postura al sentarse, la posición de las manos, el ritmo de la respiración, los movimientos de la cabeza, la distancia de la cámara, el uso del espacio, las microexpresiones, los cambios de voz e incluso la manera de teclear: todo esto forma parte de un sistema de información conductual.

En el perfilado empresarial esto es crítico.

Cuando realizamos una evaluación de fiabilidad o intentamos identificar el potencial de una amenaza interna dentro de una organización, no buscamos solo una "mentira". Es mucho más complejo. Buscamos la incongruencia.

El Embodiment Effect permite comprender cuándo el comportamiento físico no se sincroniza con la narrativa que la persona intenta producir. Por ejemplo: un candidato que habla con seguridad pero cuyo cuerpo está en una defensa continua; un empleado que declara compromiso con la organización pero reacciona físicamente con tensión cuando surgen temas de autoridad, control o lealtad; un directivo que muestra estabilidad pero exhibe signos anómalos de activación en torno a preguntas financieras o conflictos internos; un candidato a distancia que produce un contacto visual "demasiado perfecto", con un ritmo de respuesta artificial y patrones de comunicación que recuerdan al uso de ayudas externas o de AI en tiempo real.

Y aquí entra el nuevo desafío: la evaluación a distancia.

En la era del trabajo híbrido y las entrevistas por Zoom, algunas personas creen que es posible "ocultar" el comportamiento a través de una pantalla. En la práctica, a veces ocurre lo contrario.

La cámara reduce el ruido de fondo y nos obliga a centrarnos en los microcomportamientos: retrasos en la respuesta, cambios de tono, saltos en la mirada, sobreajustes, escucha poco natural, desconexiones entre la voz y la expresión, congelamiento motor y un uso excesivo de gestos calculados.

Precisamente en un entorno a distancia, cuando se sabe qué buscar, es posible identificar indicaciones muy significativas de fiabilidad, tensión, ocultación, manipulación o conflicto interno.

Pero es importante decir la verdad profesional: no existe un "signo mágico" que demuestre una mentira. Este es uno de los mayores errores en el campo.

El perfilado profesional no se construye sobre mitos del tipo "tocarse la nariz = mentir". Se construye sobre: crear una línea de base conductual, identificar anomalías, cruzar fuentes de información, analizar el contexto, comprender las motivaciones y leer la dinámica y no solo signos aislados.

El Embodiment Effect es especialmente importante para identificar amenazas internas en las organizaciones, porque las personas pueden controlar sus palabras mucho más que su cuerpo. Y en situaciones de tensión, conflicto de lealtades, sensación de amenaza u ocultación, el cuerpo casi siempre "filtra" información.

El futuro del mundo del perfilado empresarial no se basará solo en la tecnología ni solo en la intuición humana. Será una combinación de: comprensión conductual profunda, análisis digital, apoyo en OSINT, detección de anomalías y la capacidad humana de leer a las personas incluso a través de una pantalla.

Porque al final, incluso en la era de la AI, la persona sigue dejando una firma conductual.

No todo empleado tóxico grita. Algunos simplemente sonríen como es debido en la entrevista.
Perfilado conductual y evaluación de fiabilidad

No todo empleado tóxico grita. Algunos simplemente sonríen como es debido en la entrevista.

Uno de los temas más inquietantes en el mundo de la evaluación de la personalidad es 'la Tríada Oscura'.

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Se trata de tres rasgos de personalidad que al principio pueden parecer seguridad en uno mismo, carisma o asertividad, pero dentro de una organización pueden convertirse en una verdadera amenaza interna: el narcisismo, que implica una necesidad de admiración, una sensación de superioridad y dificultad para aceptar las críticas; la manipulación (Machiavellianism), que significa usar a las personas como herramientas para lograr objetivos, sin mucha culpa por el camino; y la psicopatía funcional, que implica una frialdad extrema, una falta de empatía y la capacidad de realizar acciones dañinas sin conciencia.

Lo interesante es que las personas con tales rasgos no siempre fracasan en las entrevistas de trabajo. Al contrario.

Más de una vez resultan muy impresionantes. Saben hablar. Saben venderse. Saben identificar las debilidades de los demás. Y saben exactamente qué personaje quiere ver la organización frente a ellos.

Por eso creo que uno de los mayores desafíos hoy en el mundo de las amenazas internas no es solo identificar un 'pasado problemático', sino comprender patrones de personalidad y de comportamiento que en el futuro podrían convertirse en un riesgo organizacional.

Esto puede manifestarse en la filtración de información, en perjudicar deliberadamente a la organización, en manipular a los empleados, en crear una cultura tóxica, o simplemente en tomar decisiones peligrosas sin ninguna empatía por las consecuencias.

Está claro que no toda persona con rasgos de la Tríada Oscura es un delincuente o una amenaza interna. Pero cuando se combinan el acceso a información sensible, la presión, el ego, la falta de supervisión y la capacidad manipuladora, se obtiene una combinación que los directivos deben conocer.

Y aquí es exactamente donde entra el valor de una evaluación en profundidad, un interrogatorio adecuado, la inteligencia a partir de fuentes de información abiertas y la identificación de señales de alerta antes de que ocurra el daño.

Porque al final, la amenaza más peligrosa en una organización no suele ser quien parece peligroso. Sino quien sabe parecer perfecto.

La cultura moldea a quien tenemos enfrente
Perfilado conductual y evaluación de fiabilidad

La cultura moldea a quien tenemos enfrente

Cuando evaluamos a una persona, es muy fácil proyectar sobre ella nuestro propio sistema de valores. Lo que a nosotros nos parece un comportamiento sospechoso, incoherente o incluso problemático puede, en otro contexto, ser completamente normal.

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Por ejemplo, hay culturas en las que evitar el contacto visual es una señal de respeto. Para otras, eso enseguida genera dudas. Hay lugares donde la comunicación directa se considera positiva, mientras que en otros se percibe como grosera.

Y aquí es donde entran los sesgos.

Cuando no somos conscientes de ellos, en realidad no estamos analizando a la persona. Estamos analizando la brecha entre ella y nosotros.

En el perfilamiento empresarial, esto es especialmente crítico. Se toman decisiones sobre personas: candidatos, socios, proveedores. Un error de interpretación puede llevar a dejar escapar a una persona excelente o, peor aún, a no identificar un riesgo real.

Entonces, ¿qué aprendemos de esto?

Antes que nada, humildad profesional. Comprender que no todo lo que nos parece "correcto" lo es realmente.

En segundo lugar, el contexto. Preguntar siempre: ¿de dónde viene esta persona? ¿Su comportamiento encaja con la cultura de la que proviene?

Y por último, la combinación adecuada entre herramientas analíticas y comprensión humana. Sin esto, no hay verdadera objetividad.

Quien trabaja con personas debe entender las culturas. De lo contrario, simplemente está adivinando.

¿Es la Enshittification algo malo? No siempre.
Perfilado conductual y evaluación de fiabilidad

¿Es la Enshittification algo malo? No siempre.

Enshittification = la degradación extrema de algo hasta convertirlo en una versión peor de sí mismo.

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Recuerdo una época en la que LinkedIn era un lugar muy "limpio". Profesional, calculado, un poco estéril. Todos escribían lo mismo, todos sonaban igual, y casi no había nada allí que revelara de verdad quién era la persona detrás del perfil.

Y entonces comenzó la enshittification.

Más publicaciones personales. Más política. Más opiniones extremas. Más provocaciones que ganan exposición porque al algoritmo le gusta el ruido.

Para quien busca una plataforma puramente profesional, esto parece un deterioro. Y en gran medida, realmente lo es.

Pero desde mi punto de vista, aquí ha ocurrido algo interesante.

Precisamente ese contenido "que no encaja" es el que empieza a contar la historia real.

Cuando investigo a alguien en el marco de una verificación de antecedentes a partir de fuentes de información abiertas, no busco solo lo que hace. Busco cómo piensa. Cómo reacciona. Qué lo activa. Dónde están sus límites.

Y estas cosas casi nunca aparecían en el viejo LinkedIn.

Hoy están ahí. Y en abundancia.

Una publicación política escrita sin filtros, una respuesta agresiva a un debate profesional, la elección de sumarse a una tendencia provocadora, todo esto ya no es "ruido" para mí. Son señales.

Lo que antes era un desierto baldío en términos de comprensión de la personalidad, se ha convertido en una mina de oro de indicadores de comportamiento.

Así que sí, LinkedIn ha cambiado. Y quizá no para mejor para quien busca solo profesionalidad.

Pero para quien entiende cómo leer entre líneas, es una plataforma que cuenta mucha más verdad que antes.

IA, deepfakes y fraude sintético

Cuando la cara en la pantalla es real. La persona detrás de ella, no.
IA, deepfakes y fraude sintético

Cuando la cara en la pantalla es real. La persona detrás de ella, no.

La semana pasada salió a la luz en Israel un caso especialmente inquietante que ilustra cómo la inteligencia artificial está revolucionando el mundo del fraude.

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Según las sospechas, un joven de 20 años logró crear «identidades sintéticas» de ciudadanos israelíes utilizando fotos y datos personales obtenidos de bases de datos vulneradas. Con herramientas de IA animó las fotos, produjo videos que parecían totalmente auténticos y, con ellos, abrió cuentas bancarias, solicitó tarjetas de crédito y realizó operaciones financieras a nombre de personas que ni siquiera sabían que esto ocurría.

Según la investigación, ya se han identificado muchas decenas de víctimas, y se sospecha que cientos de ciudadanos resultaron afectados por esta actividad.

Lo que más me preocupa de este caso no es solo la magnitud del fraude, sino la prueba de que los métodos de identificación en los que confiamos durante años ya no bastan por sí solos.

La foto de un documento de identidad, un selfie, un breve video, la verificación remota: hasta hace poco, todo esto se consideraba una sólida capa de protección. Hoy, en las manos adecuadas y con herramientas de IA avanzadas, pueden falsificarse a un nivel que hace muy difícil que el ojo humano detecte el engaño.

Este desafío ya no pertenece solo a los bancos. Es relevante para cualquier organización que contrate empleados en remoto, apruebe proveedores, abra cuentas de clientes, conceda permisos de acceso o ejecute procesos de identificación digital.

La pregunta ya no es si se puede falsificar una identidad, sino si su sistema de control es capaz de detectar la falsificación en tiempo real.

En los últimos años veo cada vez más casos en los que la línea entre una persona real y una figura creada por IA se vuelve difusa. Las organizaciones deben adaptar sus mecanismos de verificación a la nueva realidad y no depender únicamente de métodos diseñados para un mundo anterior a la inteligencia artificial.

Junto a la amenaza, hoy existen también soluciones avanzadas que permiten detectar señales de falsificaciones con IA, identificar anomalías en el proceso de identificación y verificar identidades en tiempo real.

Contamos con soluciones tecnológicas avanzadas para afrontar estos desafíos en tiempo real. No dudes en escribirme para más detalles.

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¿Cómo sabemos si lo que vemos está pasando realmente o pasó de verdad?
IA, deepfakes y fraude sintético

¿Cómo sabemos si lo que vemos está pasando realmente o pasó de verdad?

Esto ya no es una pregunta filosófica. Es una pregunta de negocio, de seguridad y de gestión.

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El artículo en Science del profesor Hany Farid, uno de los principales expertos del mundo en la detección de manipulaciones digitales, plantea una realidad que todos debemos asumir: un deepfake ya no parece un juguete tecnológico. Parece real, suena real, se difunde rápido e influye en la forma en que las personas toman decisiones.

Y el gran problema no es solo que las falsificaciones mejoran. El problema aún mayor es que la confianza se erosiona.

Cuando un directivo recibe un video. Cuando el departamento de HR realiza una entrevista online. Cuando una empresa recibe el contacto de un inversor, un candidato, un proveedor o un socio comercial. Cuando un video incriminatorio empieza a circular en la red. Cuando una voz conocida pide una acción urgente.

La primera pregunta ya no puede ser: "¿Parece real?" Porque hoy, muchas cosas falsas parecen completamente reales.

La pregunta correcta es: "¿Cómo lo verificamos de forma profesional antes de actuar?"

Lo que más me gustó del artículo es el enfoque investigativo de Farid. No se conforma con una herramienta automática que dice "90% falso" o "70% real". Examina la física, el movimiento, las sombras, los reflejos, los ángulos, la sincronización entre la voz y los labios, la coherencia entre fotogramas y el contexto más amplio.

Y eso es exactamente el punto. Con los deepfakes no hay una única solución mágica. Hace falta una combinación de tecnología, experiencia investigativa, comprensión del comportamiento humano, comprensión del terreno digital y la capacidad de hacer las preguntas correctas.

En el mundo empresarial esto es especialmente crítico. Porque los deepfakes no amenazan solo a políticos o famosos. Amenazan los procesos de contratación, las verificaciones de antecedentes, la confianza entre organizaciones, la protección frente al fraude, la identidad digital y la capacidad de entender quién está realmente frente a nosotros.

Una entrevista de trabajo online puede ser falsa. Un perfil profesional puede estar bien construido pero no ser auténtico. La voz de un directivo puede clonarse. Un video puede estar editado. Una imagen puede generarse desde cero. Un documento puede parecer auténtico y ser parte de un amplio esquema de engaño.

Por eso las organizaciones no pueden quedarse en la etapa de "a mí me parece real". Necesitan una capacidad de verificación. No por pánico. No por una suspicacia excesiva. Sino por responsabilidad.

Quien contrata empleados para puestos sensibles, evalúa socios comerciales, verifica identidades, gestiona incidentes de fraude o enfrenta contenidos sospechosos en la red, debe sumar a su mesa de trabajo también la capacidad de hacer frente a los deepfakes. Especialmente cuando todo ocurre online.

Si estás enfrentando una sospecha de deepfake, una identidad falsa, una entrevista sospechosa, contenido digital problemático o un incidente en el que no queda claro qué es real y qué no, puedes contactarnos.

Tenemos soluciones innovadoras y pioneras para hacer frente a los deepfakes, incluso en entornos online, combinando tecnología avanzada con análisis humano profesional.

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