Ya había sido condenado antes. Eso no impidió que la gente le entregara de nuevo millones de séqueles
Esta mañana leí el artículo sobre Ido Samuel, que ya había sido condenado por delitos de fraude, cumplió una pena de prisión y, tras salir en libertad, volvió a gestionar dinero para clientes privados. Algunos de ellos perdieron sumas considerables.
Leer la publicación completaMostrar menos
Esta historia no es solo una historia sobre inversiones, criptomonedas o el mercado de capitales.
Es una historia sobre un fallo en la diligencia debida.
Mucha gente cree que una verificación de antecedentes sirve únicamente para contratar empleados. En la práctica, no es menos importante a la hora de elegir un socio comercial, un gestor de inversiones, un proveedor, un asesor o cualquier persona que vaya a tener acceso a dinero, información o activos.
En este caso, parte de la información estaba completamente disponible en fuentes abiertas: una condena penal por delitos de fraude; un largo periodo de prisión; publicaciones mediáticas históricas; procedimientos y resoluciones judiciales; e información comercial y pública que puede localizarse mediante una búsqueda profesional.
El problema es que encontrar la información no basta. Hay que saber unir los puntos.
Una verificación de antecedentes basada en OSINT no se limita a recopilar datos. El verdadero valor está en el análisis y en comprender qué significa la información a la hora de tomar una decisión.
Cuando evaluamos a una persona que va a gestionar nuestro dinero o a tomar decisiones financieras, la pregunta no es solo "¿Tuvo una condena previa?", sino: ¿la reveló por completo? ¿Existen otras señales de alerta? ¿Hay discrepancias entre la imagen pública y la realidad? ¿Y existen patrones que se repiten a lo largo de los años?
Al final, la mayoría de los grandes fraudes no comienzan con sofisticación tecnológica. Comienzan con la confianza.
Y antes de otorgar confianza, conviene realizar una verificación de antecedentes profesional basada en fuentes de información abiertas, para tomar una decisión informada y fundamentada en hechos y no en una impresión personal o en el carisma.